Sequía en Chihuahua desamparará a 16 mil jornaleros

De los 45 mil jornaleros que cada año son contratados en el estado, la tercera parte no será requeridadebido a la extrema sequía y el recorte de las hectáreas de siembra, de acuerdo con organismos como Sistema Producto Nuez y Agrodinámica Nacional. En la zona sur de la entidad, donde se genera la producción más importante de nogal, alfalfa y chile, representará miles de personas sin empleo, y alcaldes como el de Delicias tratan de convencer a las empresas para que empleen cuando menos a 500 personas; en otros, como Camargo, López y Coronado, esperan que este año no sea el tercero consecutivo prácticamente sin lluvias.

Bajo el cielo inclemente de Chihuahua, el polvo se levanta con el viento como si la tierra misma estuviera desesperada por alguna gota de agua. Las presas están en niveles mínimos, y el suelo, antes fértil y prometedor, ahora se resquebraja como la piel de un anciano abandonado por la fortuna. Para los jornaleros, hombres y mujeres que han entregado su vida al campo, la situación es una sentencia sin juicio, un castigo sin crimen.

El Sistema Producto Nuez ha lanzado una advertencia desoladora: de los 30 mil jornaleros temporalesque trabajaban en los campos del estado, el 45 por ciento no tendrá empleo este año y de los 15 mil trabajadores de planta el 20 por ciento también se reducirá. La presa de La Boquilla, esa arteria vital que mantenía con vida a la región centro-sur, apenas guarda lo suficiente para evitar que los nogales mueran, pero no para que produzcan. Sin agua, no hay cosecha. Y sin cosecha, la miseria se extiende como una plaga sobre las comunidades agrícolas.

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Una economía al borde del colapso

El problema no se reduce solo al campo. La falta de empleo no es solo un número en una estadística, sino una tragedia en cada hogar, un plato vacío en cada mesa. La economía de los municipios agrícolas, que depende de la siembra y la cosecha, se tambalea. No habrá producción de nuez, alfalfa, chile, cebolla o avena. Los comercios que venden herramientas, los supermercados, las tiendas de abarrotes, todos ellos verán caer sus ventas. Las casas que antes se rentaban a los trabajadores temporales permanecerán vacías, y en los mercados, el murmullo de los compradores se convertirá en un eco de tiempos mejores.

Los ganaderos, que también dependen de la producción agrícola, enfrentan su propio calvario. Sin forrajes, alimentar al ganado será un reto imposible. Algunos venderán sus animales antes de verlos morir de hambre, otros intentarán resistir, pero la ruina ya se perfila en el horizonte.

En las calles de Delicias, Camargo, López y Coronado, el ambiente es distinto al de otros años. No hay el bullicio de jornaleros buscando trabajo, ni el ir y venir de camiones cargados con herramientas y esperanza. En su lugar, hay un silencio denso, pesado, solo roto por conversaciones en voz baja donde la palabra “crisis” se repite una y otra vez.

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Camargo ante la sequía: el drama de dos mil jornaleros sin tierra que labrar

Camargo despierta con el crujido del suelo seco. No es un sonido que todos escuchen, pero está ahí: en las grietas que atraviesan los campos, en el polvo que se arremolina con el viento y en el silencio de los jornaleros que esperan, con los brazos cruzados, una oportunidad que no llega.

La crisis no es nueva, pero esta vez se siente definitiva. El agua, esa divinidad caprichosa, ha dado la espalda a los agricultores. Solo diez pozos resisten en el municipio, mientras que en Delicias, a apenas 50 kilómetros, más de 500 perforaciones mantienen con vida al campo. En Camargo, el 80 por ciento de las 8 mil hectáreas de cultivo están sembradas con nogales, árboles sedientos que ahora ven su destino atado a la misericordia del cielo. Si la lluvia no llega, no habrá ciclo agrícola.

Pero la sequía no solo arrasa con los árboles; arrasa con la gente. De acuerdo al director de Desarrollo Rural de dicho municipio, Pedro Acosta estima que dos mil trabajadores agrícolas se quedarán sin empleo, y la esperanza de ser absorbidos por el sector industrial es mínima: las fábricas están a tope, no hay vacantes, no hay refugio. Camargo, una ciudad que late al ritmo del campo, se asoma a un abismo económico que alcanzará a todos: los jornaleros sin jornal, los vendedores sin clientes, las cocinas sin comensales, los supermercados con estantes llenos y cajas vacías.

Los pequeños negocios tiemblan. Carnicerías, panaderías, tiendas de abarrotes, ferreterías. Todos dependen de los jornaleros, quienes a su vez dependen del campo. Es un círculo que se ha roto,dejando a todos en el aire.

El municipio intenta acomodar a los desempleados en la industria, pero las fábricas de Camargo no tienen espacio. Se han llenado hasta el borde con trabajadores en busca de estabilidad. Los jornaleros, sin un lugar a donde ir, se convierten en sombras que deambulan por la ciudad.

Hace tres años, la presa se llenó de la nada y se salvó el ciclo agrícola. Hoy, la esperanza se aferra a esa memoria. Pero el tiempo pasa y la tierra sigue sedienta.

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La agonía de la tierra: sequía y desesperanza en el municipio de López

Bajo el cielo inmutable y el sol que calcina, la tierra del municipio de López se retuerce en su propia sed. No es una sequía cualquiera, no es una tragedia de las que llegan y se van dejando apenas una cicatriz en el calendario. Esta vez, el río no alcanzará para todos, y el campo se encamina a una ruinaque se siente en cada mirada hundida, en cada palabra masticada con angustia.

Cinco mil cien hectáreas solían vestirse de verde y de vida. Nogales erguidos como ancianos sabios, el chile ardiendo como un presagio, la alfalfa humilde pero necesaria. Pero este año la sequía ha dictado su sentencia: solo mil novecientas hectáreas podrán beber. Las demás, condenadas al olvido, esperarán el milagro de la lluvia con la resignación de quien sabe que los milagros rara vez llegan a tiempo.

Cada ejidatario, que antes trabajaba cinco hectáreas con la certeza de la cosecha, deberá conformarse con una. Uno de cada cinco sueños. Uno de cada cinco esfuerzos. Y con ello, no solo se reduce la producción, sino que la economía entera se tambalea. El agua, siempre cruel cuando falta, no solo mata los cultivos; también destierra a los hombres.

La directora de Desarrollo Rural, Naila Román, dijo cada temporada, alrededor de 300 jornaleros bajaban de la sierra buscando el pan en la tierra, dejando en su hogar la promesa de un regreso con algo de dinero, algo que los sostuviera en la impiedad del invierno. Este año, no llegarán ni cien. 

En los campos secos, algunos aún alzan la vista al cielo, esperando que las nubes se apiaden. Y mientras la esperanza agoniza, los hombres del campo se preparan para lo peor. Algunos venderán lo poco que les queda. Otros irán a buscar trabajo a las ciudades. 

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La Agonía del Campo en Coronado

Este año, el agua ha sido escasa y la esperanza de los hombres del campo se marchita como una hoja reseca al viento. La sequía no es un fenómeno nuevo en el norte de México. Sin embargo, lo que está ocurriendo en Coronado es una condena largamente anunciada: la falta de agua ha reducido drásticamente la superficie agrícola, y con ello, la vida de cientos de jornaleros que cada año llegaban en busca de sustento.

Antes, llegaban con el alba, casi 150 hombres y mujeres de rostros curtidos, de manos agrietadas como la tierra misma. Hoy, sólo 30 por ciento de ellos podrán encontrar un lugar en las pocas hectáreas que aún pueden sembrarse. El resto, silenciosos y derrotados, regresarán por el mismo camino que los trajo, con la certeza de que en sus hogares el hambre será su única compañía.

Oscar Roacho Balderrama, director de Desarrollo Humano del municipio, explica con un gesto de resignación lo que ya todos saben: “Este año, en lugar de los 92 millones de metros cúbicos de agua que solíamos recibir, apenas nos autorizaron 34 millones. Eso significa que de las 7 millones 200 mil hectáreas que antes se regaban, ahora sólo podremos cultivar mil 922”.

En la región, la alfalfa es la madre de la economía. Sin ella, no hay pastura para el ganado, y sin ganado, la carne y la leche se vuelven productos de lujo. Los nogales, que requieren años de cuidado, verán mermada su producción, y el frijol y el maíz, tan indispensables en la dieta de la gente del campo, apenas podrán brotar de la tierra reseca.

El agua, que en otros tiempos era la gran dadora de vida, se ha convertido en un juez implacable, decidiendo quién vivirá del campo y quién no. La tragedia del campo es una ruina silenciosa que se extiende como una plaga. 

No sólo los jornaleros han sido golpeados; también los pequeños ganaderos enfrentan su propia batalla. Sin alfalfa suficiente, la pastura se encarecerá. Sólo aquellos con dinero podrán alimentar a sus animales; los demás verán morir su ganado o se verán obligados a venderlo a precios de miseria.

La presa Pico de Águila, otrora un espejo de agua que alimentaba la esperanza de los agricultores,ahora es un testigo de la desesperación. Con apenas una fracción de su capacidad disponible para riego,parece más un recordatorio de lo que fue, que una promesa de lo que podría ser.

En Coronado, la crisis es una sombra que se extiende, lenta pero implacable. No hay necesidad de grandes catástrofes ni de incendios devastadores para destruir una comunidad. Basta con la falta de agua, con la ausencia de empleo, con el hambre que se mete en los hogares y en las conciencias.

Los jornaleros, los agricultores, los ganaderos, todos ellos son los protagonistas de una tragedia sin épica, de un sufrimiento sin reconocimiento. Son los olvidados, los que sostienen la economía con sus manos callosas, los que alimentan a un país que no se detiene a pensar en ellos.

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La STPS mantienen programas de apoyo al sector del campo

La falta de agua en Chihuahua está generando una crisis sin precedentes para los trabajadores agrícolas del estado. En municipios del centro-sur, donde la agricultura es el pilar económico, la escasez hídrica amenaza con dejar sin empleo a miles de jornaleros. Ante este panorama, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, a través del Servicio Estatal de Empleo, mantiene activos tres programas de movilidad laboral, dos en el extranjero y uno a nivel nacional, con la intención de ofrecer alternativas de trabajo a quienes dependen del campo para subsistir.

El Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales México-Canadá (PTAT) ha sido una de las principales vías para que los jornaleros encuentren empleo fuera del país. A través de este esquema, se les vincula con empresas agrícolas en Canadá y se les facilita el proceso para obtener permisos de trabajo legal. En el 2024, un total de 212 trabajadores fueron beneficiados con dicho programa.

Por otro lado, el programa de mecanismos de movilidad laboral para trabajadores agrícolas permite la contratación de jornaleros en Canadá y Estados Unidos con permisos de trabajo de entre uno y nueve meses. Sin embargo, el año pasado solo tres personas fueron beneficiadas con esta opción en Canadá,

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A nivel nacional, el programa de Movilidad Laboral Interna de Jornaleros Agrícolas ha sido clave para apoyar a trabajadores que buscan empleo en empresas establecidas dentro del país. En 2024, este programa benefició a 940 personas, principalmente de los municipios serranos de Guadalupe y Calvo, Guachochi, Bocoyna y Urique, quienes migraron temporalmente a otras ciudades para laborar en el campo. No obstante, en lo que va de 2025, aún no se han presentado solicitudes para acceder a este apoyo, lo que refleja la incertidumbre que atraviesa el sector agrícola.

Si la sequía persiste, la vida agrícola en Chihuahua cambiará para siempre. Sin agua, los campos quedarán en el olvido, y con ellos, una tradición que ha sustentado a generaciones. Los nogales morirán de sed, el suelo se volverá infértil y los pueblos que antes vivían del campo se convertirán en fantasmas de lo que fueron.

 

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Redacción
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